
Pasear por Madrid sigue siendo un placer. Y si encima nos acompaña Bibi, luciendo uno de nuestros broches con ese desparpajo tan suyo, cualquier tarde se puede convertir en una tarde especial.
Lo mejor de viajar es conocer gente. Es con lo que te quedas al final de todo. Y esa gente que conociste lejos de casa, pasa a formar parte de tu día a día, y las distancias se acortan, y nada es tan grande, y nada está tan lejos.